pasa del mediodía ausente de si
y a nosotros el frió en los pies
nos recuerda que somos pequeños.
Para sufrir con uno
mientras mira el rostro enajenado del vecino en el taxi
y un dolor ahogado sube por la espalda.
Alguien en alguna parte
se pregunta cuanto ha de durar
en cuanto tiempo se deshacen las ciudades grises.
Hay duendes que bajan desde lo alto de las nubes
y al contacto con el suelo explotan en mil gotas sucias,
arrastran a la basura que hay no solo en la ciudad
otra que se acumula en esas almas atormentadas
llenas de horarios de oficina.
Para sufrir con uno
que extraña tan bien que a veces duele
entonces el alma se convierte en una flama
como esa de los poetas
que se enamoran de otra mujer en el siguiente poema.
Así es que la ciudad se humedece
y abundan el café y el whisky,
las harinas y los abrazos aleatorios.
Yo se muy bien
que nadie pone tanta atención a las canciones de la radio
que cuando llueve y nadie les envía mensajes al teléfono.
Soy un necio que mira al parabrisas,
escucha conversaciones ajenas
y piensa en la soledad de los semáforos,
en los ventanales de los ejecutivos
y su microclima saturado de nostalgia.
Para sufrir con uno
envuelto en el manto frió
en el letargo aumentado
de la ciudad cuando se humedece.
– Sereno ®


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